MADRID / CABO CAÑAVERAL – La misión Solar Orbiter, una colaboración histórica entre la Agencia Espacial Europea (ESA) y la NASA, ha alcanzado un nuevo hito en su travesía científica. En su fase de máxima aproximación de este 2026, la sonda ha enviado a la Tierra las imágenes de mayor resolución jamás obtenidas de las regiones polares del Sol. Estos datos prometen revolucionar nuestra comprensión sobre los ciclos magnéticos de nuestra estrella y cómo estos afectan directamente a las comunicaciones y redes eléctricas en la Tierra.
Gracias a una serie de maniobras de asistencia gravitatoria con Venus, la nave ha logrado inclinar su órbita lo suficiente para observar por primera vez «la cara oculta» de los polos solares. Esta perspectiva es fundamental para entender por qué la corona solar (la atmósfera exterior) alcanza temperaturas de millones de grados, siendo mucho más caliente que la superficie misma del Sol.
Diez instrumentos para «tocar» el fuego
La Solar Orbiter no solo toma fotografías; es un laboratorio completo que opera a temperaturas que superan los 500°C. Protegida por un escudo térmico de titanio de última generación, la sonda utiliza diez instrumentos científicos para medir el viento solar y el campo magnético en tiempo real.
Los recientes datos recopilados han revelado «fogatas» solares (pequeñas erupciones omnipresentes) que podrían ser la respuesta al misterio del calentamiento coronal. «Estamos viendo el Sol como nunca antes, captando detalles que antes eran simples borrones», explicaron científicos de la misión, destacando que estos hallazgos permitirán predecir con días de antelación las tormentas solares que impactan en nuestro planeta.
La clave: El campo magnético y el clima espacial
Uno de los grandes objetivos de este año es documentar el proceso de inversión del campo magnético solar, un fenómeno que ocurre cada 11 años. La Solar Orbiter está en la posición perfecta para capturar el inicio de este cambio desde los polos, algo que las misiones anteriores nunca pudieron lograr.
Comprender este mecanismo no es solo curiosidad científica; es una cuestión de seguridad nacional para las potencias tecnológicas. Una eyección de masa coronal (CME) masiva podría dejar fuera de servicio a los satélites GPS y dañar infraestructuras críticas. Con los datos de la Solar Orbiter, la humanidad está más cerca que nunca de tener un «pronóstico del tiempo espacial» preciso.
ElRadarNews
Fuentes: ESA, NASA, Nature Astronomy
