Foto: Felipe Restrepo Acosta, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmaron que el sistema climático global completó su transición hacia una fase activa de El Niño. Según los reportes técnicos emitidos, las mediciones en el Océano Pacífico Ecuatorial muestran anomalías térmicas significativas que indican la consolidación de este fenómeno para el resto del año.
Los modelos dinámicos actuales sitúan las probabilidades de que este evento se mantenga firme en un 90% durante el segundo semestre de 2026, con proyecciones que sugieren su extensión hasta los primeros meses de 2027. Esta situación marca el fin de un periodo de neutralidad climática y da paso a un ciclo que alterará los patrones de lluvia y temperatura en gran parte del continente americano.
En Uruguay y los países del Cono Sur, los expertos monitorean con especial atención el calentamiento de las aguas marinas, principal motor de los cambios atmosféricos en la región. Las autoridades meteorológicas locales ya comenzaron a coordinar acciones con los sistemas de emergencia ante la previsión de un aumento considerable en el volumen de precipitaciones.
El evento ha sido catalogado por algunos especialistas como un posible «Súper Niño», debido a que existe una probabilidad de uno entre cuatro de que las temperaturas de la superficie del mar superen los 2.0 °C por encima del promedio habitual. Este escenario térmico históricamente ha dado lugar a eventos climáticos de gran magnitud.
Características de un evento climático extremo El término «Niño Godzilla» o «Súper Niño» se utiliza en la divulgación para describir episodios donde el calentamiento del Pacífico es extremo, constante y generalizado. En este 2026, los datos recolectados por boyas oceánicas y satélites confirman que el calentamiento sigue una trayectoria similar a la de los años más activos del registro histórico.
El fenómeno ocurre cuando los vientos alisios se debilitan o cambian de dirección, permitiendo que las aguas cálidas del Pacífico occidental se desplacen hacia las costas de Sudamérica. Esto cambia la circulación atmosférica global, provocando excesos hídricos en algunas zonas y sequías prolongadas en otras.
La precisión de los modelos actuales ha permitido identificar esta amenaza con seis meses de anticipación, un margen fundamental para que los sectores agrícola, energético y de transporte puedan ajustar sus operaciones en el territorio uruguayo.
Impacto previsto en Uruguay y el Cono Sur Para Uruguay, El Niño suele traducirse en lluvias por encima de lo normal en primavera y otoño. El principal riesgo es el bloqueo de frentes fríos, que estanca las tormentas sobre una misma zona por varios días. Esto, sumado a la humedad tropical, aumenta drásticamente el riesgo de inundaciones.
Los años 1982, 1997 y 2015 sirven como referencia: en esos periodos, el desborde de los ríos Uruguay, Negro y Cuareim provocó el desplazamiento de miles de personas en Salto, Paysandú y Artigas. Los informes actuales sugieren que el nivel de las cuencas podría verse comprometido nuevamente.
En el sector agropecuario, el exceso de agua y la falta de luminosidad amenazan la sanidad de los cultivos de invierno y la logística de cosecha. La infraestructura vial también se encuentra bajo vigilancia por posibles cortes recurrentes.
Contrastes regionales en Sudamérica La manifestación de El Niño genera desafíos opuestos en el continente. Mientras el Cono Sur enfrenta excesos de agua, países como Colombia, Venezuela y el norte de Brasil tienen un riesgo elevado de sequías extremas, lo que repercute en la generación hidroeléctrica y fomenta incendios forestales.
Esta dualidad pone a prueba la gestión de riesgos regional y aviva el debate sobre la necesidad de inversiones estructurales tanto en drenaje urbano en el sur, como en reservas de agua en el norte.
Medidas de prevención Ante la confirmación de la llegada de El Niño, las autoridades recomiendan a la población:
- Realizar tareas de limpieza en desagües y canaletas.
- Tener previsto un plan de evacuación y un kit de emergencia en zonas bajas o inundables.
- En el ámbito rural, consultar sobre el manejo de suelos y protección del ganado.
Los próximos meses serán decisivos para observar la evolución de la temperatura oceánica y afinar las proyecciones de impacto en el territorio.
Fuentes consultadas: